Mi lucha contra el Jet lag
Me encantan estos descubrimientos, aunque rara vez los podamos corroborar. Digo, porque no todos viajamos seguido a Japón, salvo Oaby. O a Australia (y menos por Oceanic). Aunque puedo decirles que cuando crucé el gran charco para conocer vuestro país combatí el Jet lag (perece una canción de The Clash) de un modo parecido al que proponen estos científicos. ¡Y yo sin saber en aquel entonces qué carajo estaba haciendo al dormir y despertar y tomar whisky y volver a dormir y volver a despertar y más whisky... creo que así lo vencí.
Nuestro reloj circadiano natural le dice al cerebro cuando debemos dormir o comer. Todo esto en función a la luz diaria. Por eso a los pobres pollitos no les dan descanso al dejarlos de madrugada con la luz de la mesita prendida toda la noche. Todo sea por tener un pavo suculento en Navidad...
Pero en lugar del whisky, estos sabiondos de la ciencia dicen que podemos vencer al malvado Jet lag haciendo un ayuno de 16 horas antes de emprender un viaje largo que involucre un cambio de huso horario. De esta manera se desactiva el primer reloj y se pone en funcionamiento otro alternativo. Todo esto lo descubrieron activando y desactivando genes, como si fueran componentes de Windows, en los cerebros de pobres ratoncitos desinteresados (¿?) fanáticos por colaborar con los ejecutivos viajeros.
No sé. Relojes, ratones, ayuno, whisky...
¿Por qué no les preguntan a los osos? Ellos deben tener la respuesta, ya que por algo en invierno duermen y no comen. Tampoco viajan en avión, no?






