Mitad de camino

Dos de mis hermanos se han ido a vivir hace ya muchos años a 1.300 km de Buenos aires, a la provincia de Tucumán, bien al norte. Me cuesta mucho tomarme unos días para ir a visitar allí a ellos, a mis sobrinos y ahijados. Pero este fin de semana a mi hermano se le ocurrió una brillante idea: hacer lo que se llama un "mitad de camino". Encontrarnos en algún lugar en el medio de un país al que nos hacen creer paralizado por la gripe cochina. El punto de encuentro fué Villa General Belgrano, en la provincia de Córdoba. La villa es un pueblito entre las sierras, con tintes centro europeos, con una tradición de cerveza artesanal y clima privilegiado. La "hormiguita viajera" que me acompaña preparó el bolso en menos tiempo de lo que lleva destapar una rubia.
Ubicamos a Angus en lo de un amigo y a bordo del bólido de marca alemana (acorde al lugar) llegamos a tiempo para encender un fuego y comer un asado de hermanos, y así transcurrió un genial fin de semana largo, frío y soleado en el que a fuerza de parrilla, horno de barro, tintos, rojas y rubias mantuvimos a raya al temible H1N1.









